La joroba dorsocervical y el hígado graso: qué relación existe y por qué no es solo un tema estético
La joroba dorsocervical y el hígado graso: qué relación existe y por qué no es solo un tema estético
Si tiene una acumulación de grasa en la parte alta de la espalda, entre los hombros y la base del cuello —lo que en consulta y en lenguaje coloquial se conoce como “joroba dorsocervical” o “joroba de búfalo”—, es probable que hasta ahora solo se lo hayan planteado como un tema estético. La evidencia disponible sugiere que puede ser más que eso: al menos un estudio de casos y controles ha documentado esta acumulación de grasa como uno de varios signos físicos asociados a la enfermedad del hígado graso y a la resistencia a la insulina. Pero el mismo signo también puede tener otras causas, algunas de ellas hormonales y bien conocidas en endocrinología. No es, por sí solo, un diagnóstico de nada — es una señal que puede justificar una evaluación médica más completa, no una conclusión.
¿Qué es exactamente la joroba dorsocervical?
Es la acumulación localizada de tejido adiposo en la zona alta de la espalda, justo debajo de la base del cuello y entre los hombros, que puede dar la apariencia de una pequeña prominencia o “montículo”. No es dolorosa en la mayoría de los casos, y suele crecer de forma gradual, por lo que muchas personas la notan primero al vestirse o al verse en fotografías, no en el espejo del día a día.
Durante mucho tiempo se ha tratado casi exclusivamente como un problema de imagen corporal — algo que “se quita” con ejercicio focalizado o, más recientemente, con procedimientos estéticos. Esa mirada no es errónea en sí misma, pero es incompleta: al ser un depósito de grasa, su presencia puede reflejar lo que está ocurriendo en el resto del organismo, no solo en ese punto del cuerpo.
¿Por qué se relaciona con el hígado graso?
Según PubMed, un estudio de casos y controles publicado en 2015 comparó a un grupo de adultos indios no diabéticos con hígado graso (diagnosticado por ecografía) frente a un grupo sin hígado graso, evaluando en detalle su composición corporal y sus marcadores metabólicos (Bhatt et al., 2015). Los investigadores encontraron que, frente al grupo sin hígado graso, quienes sí lo tenían presentaban con más frecuencia un conjunto de signos físicos: exceso de grasa dorsocervical (“joroba de búfalo”), papada marcada, xantelasma (depósitos de grasa en los párpados) y arco corneal, junto con mayor adiposidad abdominal, presión arterial más alta, y marcadores de resistencia a la insulina más elevados — específicamente los valores de insulina en ayunas y del índice HOMA-IR, además de niveles más altos de triglicéridos y de proteína C-reactiva de alta sensibilidad (un marcador de inflamación de bajo grado).
Con estos hallazgos, los mismos autores construyeron una fórmula de predicción clínica para hígado graso (el “Índice de Hígado Graso Indio” o IFLI, por sus siglas en inglés) que incluye la presencia de joroba de búfalo como una de sus variables, junto con la presión arterial sistólica y la papada. Al compararla con otras fórmulas de predicción publicadas previamente en otras poblaciones, esta ecuación tuvo un desempeño superior a la mayoría.
Es importante ser precisos sobre lo que esto significa y lo que no. Este hallazgo no prueba que la joroba dorsocervical cause hígado graso, ni que todas las personas con esta acumulación de grasa lo tengan. Es un estudio de casos y controles — un diseño que identifica asociaciones estadísticas entre un grupo con la condición y un grupo sin ella, en un momento determinado — no un ensayo que siga a las personas en el tiempo para establecer causalidad. Lo que sí aporta es una pista clínica razonablemente documentada: cuando este signo aparece junto con otros (papada, presión arterial elevada, marcadores metabólicos alterados), puede ser parte de un mismo cuadro metabólico que vale la pena investigar en conjunto, no por separado.
¿Siempre significa hígado graso o resistencia a la insulina?
No. Y esta es una distinción clínica importante que rara vez se menciona cuando este tema circula en redes sociales.
La acumulación de grasa dorsocervical es, ante todo, un signo físico inespecífico: puede aparecer por distintas causas, y una de las más conocidas en endocrinología es el exceso sostenido de cortisol, como ocurre en el síndrome de Cushing. Una revisión publicada en 2024 sobre síndrome de Cushing en la infancia describe la almohadilla de grasa dorsocervical como una de las características clínicas clásicas de esta condición, junto con cara redondeada (“de luna llena”), aumento de peso excesivo e hipertensión (Parish et al., 2024). Un estudio de 2025 sobre pacientes que alcanzaron remisión de la enfermedad de Cushing —ya sea por cirugía o por tratamiento médico— encontró que, aunque la mayoría de los rasgos físicos mejoran con el tiempo, la grasa dorsocervical puede persistir de forma más marcada en quienes recibieron tratamiento médico frente a quienes tuvieron remisión quirúrgica (Tizianel et al., 2025). Ya en 2007, un comentario clínico en la revista Hepatology señalaba precisamente esto: que la joroba de búfalo también se relaciona con el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (el sistema hormonal que regula el cortisol), y que esa vía merece considerarse al evaluar a un paciente con este signo, no solo la vía metabólica del hígado graso (Targher, 2007).

En otras palabras: el mismo signo físico puede ser una pista hacia el hígado graso y la resistencia a la insulina en un paciente, y hacia un problema hormonal completamente distinto en otro. Esto no resta valor al hallazgo — al contrario, refuerza por qué merece una evaluación médica y no una interpretación por cuenta propia. Distinguir entre ambas posibilidades (y descartar otras menos frecuentes) es exactamente el tipo de razonamiento clínico que corresponde a una valoración médica individualizada, no a un diagnóstico hecho frente al espejo o a partir de un video en redes sociales.
Qué no significa este hallazgo
- No significa que tener joroba dorsocervical equivalga a tener hígado graso. Es un signo asociado con mayor frecuencia en un estudio, no una prueba diagnóstica.
- No significa que la relación esté demostrada como causal. La evidencia disponible es de tipo observacional (casos y controles), y describe asociación, no causa.
- No significa que el origen sea necesariamente metabólico. Como se explicó arriba, el mismo signo puede tener un origen hormonal (cortisol) u otras causas, y solo una evaluación clínica puede diferenciarlos.
- No sustituye ni reemplaza los estudios que realmente confirman o descartan hígado graso: la ecografía hepática, el perfil metabólico completo (glucosa, insulina, HOMA-IR, perfil lipídico) y la evaluación de la función hepática.
- No es, en ningún caso, una indicación para iniciar tratamientos, suplementos o “protocolos de desintoxicación” por cuenta propia. Ninguna intervención debe iniciarse sin evaluación médica previa.
Cuándo consultar
Vale la pena buscar una valoración médica si, además de esta acumulación de grasa en la espalda alta, identifica alguno de los siguientes elementos:
- Papada marcada, cambios recientes en la piel del cuello (oscurecimiento, por ejemplo) o aumento de peso que no logra explicar.
- Presión arterial elevada en controles recientes, o antecedentes de resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes en la familia.
- Fatiga persistente, cambios de ánimo o alteraciones del sueño que acompañan a los cambios físicos — signos que, junto con la grasa dorsocervical, pueden orientar hacia una evaluación hormonal más específica.
- Nunca se ha realizado una ecografía hepática ni un perfil metabólico completo, independientemente de si tiene o no este signo físico.
En cualquiera de estos escenarios, la pregunta útil no es “¿cómo me la quito?”, sino “¿qué me está queriendo decir el cuerpo con esto?” — y esa pregunta solo puede responderla una evaluación clínica que integre la historia completa de cada paciente, no un signo aislado.
Revisado por: Dra. Sandra Milena Galvis Carvajal — Medicina Integrativa, Medicina Funcional y Farmacología Vegetal, Sollievo Centro de Bienestar Integral (Cajicá, Cundinamarca) · Última revisión de evidencia: 19 de septiembre de 2026
Cada paciente requiere una evaluación médica individual. Si tiene esta acumulación de grasa y quiere saber qué puede estar detrás, agenda tu valoración médica por WhatsApp: 320 855 6242 / 300 686 7173.
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- Bhatt SP, Misra A, Nigam P, Guleria R, Pasha MAQ. Phenotype, Body Composition, and Prediction Equations (Indian Fatty Liver Index) for Non-Alcoholic Fatty Liver Disease in Non-Diabetic Asian Indians: A Case-Control Study. PLoS One. 2015;10(11):e0142260. PMID: 26599361. DOI: 10.1371/journal.pone.0142260
- Targher G. “Buffalo” hump in nonalcoholic fatty liver disease. Hepatology. 2007;46(4):1311-2. PMID: 17894313. DOI: 10.1002/hep.21908
- Parish A, Cheung C, Ryabets-Lienhard A, Zamiara P, Kim MS. Cushing Syndrome in Childhood. Pediatr Rev. 2024;45(1):14-25. PMID: 38161162. DOI: 10.1542/pir.2022-005732
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